Los juegos en la formación financiera

NOVIEMBRE de 2013

Se dice, no sin razón, que cuanto más arriba se está en la estructura de una empresa mayor incidencia se tiene en la bottom line de su cuenta de resultados e inversamente, que a medida que se desciende por el organigrama, mayor impacto se va teniendo en las líneas más altas de la cuenta de pérdidas y ganancias. Sea más arriba o más abajo, la labor de cada persona de la organización influye en los resultados de su compañía.

Hace ya algunos años que los cursos de finanzas básicas o, más genéricamente, los “finanzas para no financieros” empezaron a formar parte de los catálogos de formación de muchas empresas, pero con el tiempo su presencia se ha ido restringiendo a los programas gerenciales o aquellos otros dirigidos a colectivos de alto potencial.

Las razones de esta especialización, además de la mayor incidencia en la bottom line señalada al inicio, bien pudieran ser lo farragoso de los contenidos y la dificultad para hacer atractiva una formación basada en números y normas contables. Para ilustrarlo, un par de ejemplos:

Gasto e Inversión

Ocurre en muchos ámbitos del conocimiento que los principios en los que se basan no siempre están alineados con el sentido común. En el campo de la física y la técnica, a muchas personas les sigue resultando incomprensible que algo que es mucho más pesado que el aire pueda volar, aunque es evidente que lo hace.

Tratando de redimir al incrédulo, todos en alguna ocasión habremos sacado el brazo por la ventanilla de un coche en marcha, intentando simular el “efecto ala” sobre nuestra mano o, más formalmente, habremos tratado de explicar al escéptico el principio físico de la igualdad del producto de presiones y velocidades. ¡Qué más da! Que un aparato de cientos de toneladas se eleve en el aire es algo que escapa a toda lógica y, por ende, al sentido común.

Traigo este ejemplo a colación porque no quiero que los economistas se sientan agraviados por lo que voy a decir a continuación. Y es que, algunos preceptos contables también son contrarios al sentido común: por ejemplo, la diferencia entre gasto e inversión.

¿Por qué algunos pagos se consideran gasto y otros, que incluso pudieran ser de inferior cuantía, se consideran inversión? Si aplicamos el sentido común, podríamos intuir la diferencia considerando gasto todo aquello que se consume en el corto plazo e inversión aquella compra más duradera en el tiempo. Un profesor de contabilidad que nos escuchase este razonamiento, seguramente nos felicitaría por la deducción y nos consideraría preparados para pasar a la lección siguiente: la amortización. Otro enigma, porque se trata de un gasto “ficticio” consecuencia de un pago real que se difiere en el tiempo …

Sin embargo, cuando le manifestemos al profesor nuestra intención de amortizar en varios ejercicios la factura del curso que nos acaba de dar, nos explicará que eso no es posible, porque la formación se considera un gasto, no una inversión. ¿Cómo?, ¿es que los conocimientos que adquiero en un curso no me van a servir durante muchos años? Además, mi empresa dice que con la formación “invierte” en su capital humano y mis padres también hablaban de inversión cuando pagaban mis estudios.

Pues no, resulta que nuestra intención de cargar en varios años una parte proporcional del importe del curso, pese a resultar lógica, no está alineada con la definición contable de inversión. ¡Ah!, será porque una compra, para que pueda considerarse inversión, además de duradera, debe ser tangible y, claro, un curso no lo es. Pues tampoco, porque la contabilidad sí admite como inversión intangibles tales como los pagos para la constitución de una empresa o la compra de patentes, así como otros de carácter inmaterial…

La dificultad de asumir estos conceptos, tan complicados de entender en la teoría, se resuelve fácilmente con las simulaciones financieras. El diseño visual de los juegos ayuda a los participantes a identificar los pagos que se convierten en fichas de otro color y permanecen en el activo –lo que indica que son inversiones-, mientras que los gastos pasan a la cuenta de resultados y se van con ella a la finalización de cada periodo.

La discusión sobre si es razonable o no considerar como gasto la formación de los empleados, continuará por mucho tiempo entre los participantes, por la discrepancia entre lo que establece el principio contable y lo que dicta el sentido común. Pero qué consideración dar a cada pago y, lo que es más importante, el diferente efecto que cada uno de ellos tiene sobre los resultados de la empresa, no ofrecerá dudas.

Beneficio y caja

Otro ejemplo muy de actualidad, la diferencia entre beneficio y caja: la crisis financiera que estamos viviendo pone sobre la mesa, día sí y día también, la dificultad que tienen las empresas para sobrevivir en ausencia de financiación. Escuchamos decir a los representantes de los empresarios que sin financiación no se crean empresas por lo que, mientras no se termine de reformar el sector financiero y el crédito vuelva a fluir, seguirá sin crearse empleo.

Pese a suponer que una de las misiones de las entidades financiera es apoyar, vía crédito, la creación de nuevos negocios, quien haya tenido alguna vez una brillante idea y haya intentado obtener de un banco la financiación necesaria para ponerla en marcha, sabrá de los resultados ¿Cómo se entiende entonces que la reforma del sector financiero ayude a crear empleo? ¿Hay –o ha habido alguna vez- financiación por parte de un banco para fundar una Pyme?

Reconozco que la pregunta está mal planteada. Desde luego que obtener préstamos para crear una pequeña empresa no es tarea que un particular pueda conseguir de un banco. Al menos, si no dispone de igual o mayor cantidad para avalarlo, ante lo cual, mejor será ponerlo directamente del bolsillo y ahorrarse comisiones e intereses. Los bancos no prestan dinero a las Pymes para que puedan empezar. Como mucho, esto lo hacen las firmas de capital riesgo o, más modernamente, los business angels.

Entonces, ¿por qué dicen los empresarios que es fundamental que vuelva a fluir crédito para que empiece a generarse empleo? Porque es necesario para la continuidad de la empresa. Necesario para no cerrar (lo que incrementaría el paro) o para poder crecer, que es lo que verdaderamente creará puestos de trabajo.

Una empresa puede tener proyectos muy rentables cuyos beneficios sólo se materializarán cuando el cliente pague y el dinero entre en caja. Entretanto, ella sí tendrá que pagar a los proveedores que le suministran los materiales necesarios para ejecutar el proyecto, a los empleados que no pueden esperar meses a cobrar sus nóminas, a la compañía eléctrica, al del alquiler, … un sinfín de facturas que serán sobradamente compensadas cuando se nos abone la nuestra. Pero mientras tanto, sin entidades financieras que nos ayuden a superar el apretón de liquidez, no sobreviviremos para celebrar el éxito del negocio. Es la diferencia entre beneficio y caja.

A corto plazo, no existe ninguna relación entre la rentabilidad del negocio y la disponibilidad de efectivo, por lo que beneficio y caja son dos conceptos que van por separado. Los beneficios son esenciales para la salud y crecimiento del negocio a largo plazo; la tesorería es esencial para la supervivencia inmediata y en el corto plazo. La función del crédito es facilitar la transición entre el uno y la otra.

Descubrir los efectos de esta disfunción es una de las grandes sorpresas de los participantes en las simulaciones financieras. Llama la atención sus caras de incredulidad al comprobar cómo su brillante cuenta de resultados no se corresponde con sus penurias para atender los pagos del día a día. O al revés, cómo su magnífica tesorería les impide ver el desastre que anticipa una deprimente cuenta de pérdidas y ganancias.

Las simulaciones financieras

Estos conceptos, junto con otros como la incidencia de las ventas en la estructura de costes de la empresa, o cómo influyen los costes fijos y variables en el punto de equilibrio, o la información que facilitan los ratios financieros, etc. son asumidos con naturalidad por los participantes en el juego, aceptándolos como elementos que les permiten conocer la situación y el funcionamiento económico de su empresa.

La formación financiera ayuda a los participantes descubrir que, sea cual sea su posición en el organigrama, su labor influye en los resultados de la compañía. Por su parte, los simuladores hacen posible restablecer la necesaria formación financiera para todos empleados al hacerla más accesible y, lo que es más importante, porque les muestra qué pueden hacer ellos para mejorar los resultados de su compañía.

Por José Mª Zamoro, socio director de Teneo.

jmzamoro@teneo.es

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